Capítulo 1: Nueva etapa.
Brillaba el sol en la ciudad de California. El calor podía derretir todo lo que encontrase a su paso. Los árboles sacudían las hojas y las palmeras relucían al compás de la brisa. La playa estaba repleta de turistas e inmigrantes, no me malinterpretes, inmigrantes no lo digo con mala leche. Era un día como otro cualquiera, nadie podía sospechar que habría un gran cambio en la vida de todos, en especial la de una....Lisa Hurley. Una chica de quince años, hija del jefe de policía de San Francisco, Zachary. Su madre Stephanie, era modista. Confeccionaba todo tipo de prendas, gracias a lo que, conocía a mucha gente importante. Tenía una tienda muy acogedora en el número 7 del distrito de Sun Valley. Eran una familia sencilla, de clase media alta. Tenían una mansión en las costas. Lisa crecía en plena adolescencia con los complejos de todas las chicas de su edad. Aún así no tenía razones para tenerlos. Su cuerpo era de diez, 90-60-90 como dirían algunos. Tenía un pelo largo y moreno, sus ojos eran oscuros pero irradiaban luz. Se preparaba mucho para las pruebas de atletismo, todos los años hacían competiciones de volleyball, animadoras, natación y todo tipo de deportes acuáticos en los que Lisa competía con una seguridad grata. No era soberbia pero si un poco altiva. No le gustaba el campo ya que odia los bichos, y no soporta el olor a sudor. Aun así era una persona encantadora y muy educada.
Como casi todos los días en casa de los Hurley había discusiones. Esta mañana más fuertes de lo debido.
- ¡No puedes hacerme esto mamá! – replicaba Lisa llena de furia y resentimiento.
- Hija, lo hago por tu bien, ya verás que es lo mejor.
- ¿Qué es lo mejor para ti mama?, ¿Alejarme de mis amigos?, ¿De mi casa?, ¿De Josh? – chillaba Lisa enfurecida, ya no con su madre, si no con ella misma por dejarse llevar a este límite.
- ¡Ya basta Lisie!, yo nunca te haría daño, eres mi hija. Lo único que me queda. – susurraba la señora Blatnik, la madre de Lisa, con las pocas fuerzas que le quedaban.
- No, mamá. ¡No voy a ir a vivir con la abuela!
- Hija, sé que es difícil, pero últimamente tu comportamiento no es el mejor, entiende que tu padre y yo estemos preocupados- pausó un momento y prosiguió – me hubiera gustado que fuera distinto Lisa.
- Si claro... Esto nunca será distinto. Puedes enviarme a la china si te apetece pero no conseguirás que cambie de opinión, ¡Nunca!- pausó en un llanto fingido- Sabes que lo que paso con Jimmy me afectó pero... ¡Tú tienes la culpa!
- ¿Yo?, hablas como si hubiera matado a tu hermano y no te lo voy a permitir Lisa Hurley. No vuelvas a hablarme así nunca más.
El ambiente estaba muy sofocado aquella mañana. Lisa llevaba unos meses angustiada por el fallecimiento de su hermano y atemorizada por la ola de violaciones que se estaban produciendo no muy lejos de su casa. Además no soportaba la idea de irse a vivir con la abuela Beatriz. Casi no sabía nada de ella. La había visto pocas veces en celebraciones importantes de la familia pero nunca a solas. Recordaba que pasaban ratos muy divertidos en su infancia, pero no tenía ningún recuerdo de ella. ¿Por qué ahora querían mandarla con una abuela de la que prácticamente no sabía nada? Desde luego Lisa no iba a quedarse con la pregunta y como de costumbre decidió entablar conversación con su padre, al que adoraba, porque le cumplía cada uno de sus caprichos.
- ¡Papá! – Se arrojó a sus brazos fingiendo que se le salía el corazón del pecho - ¿Tú también me vas a enviar con la abuela?, ¿Ya no te importo?
- Hija, sabes que te adoro – cogió uno de los mechones su pelo y la abrazó – Pero si pienso que una temporada alejada de todo esto te vendría bien.
- Tu también no...¡Yo te quería, papa! Mas que a nadie, pero tu también quieres alejarme de ti – rompió otra vez a llorar en un llanto tan ruidoso como fingido.
- No digas tonterías hija, yo te adoro como a mi vida, pequeña, pero eres una adolescente con las hormonas revolucionadas y solo me das quebraderos de cabeza. Y es hora de que te imponga un castigo.- comentó el señor Hurley dulcemente.
- Ya que nunca lo has hecho, no te vendría mal empezar ahora – le reprochó la señora Blatnik a su marido desde la cocina.
- ¡No te metas en esto, cotilla! – chillo Lisa enfurecida por la intrusión de su madre a la conversación- Nadie te dio vela en este entierro
- ¡No me hables así Lisie!, no vas a hacer que cambie de opinión respecto a tu temporada en Dermothville. – pronunció alto su madre recalcando la palabra temporada, cuando quería decir, el resto del verano.
- Aya paz chicas. Seguro que llegamos a un acuerdo. – comentó el señor Hurley intentando suavizar la situación entre su esposa y su hija.
- ¡Pues dile que no me llame Lisie!, que no soy una niña – chillo refunfuñona Lisa mientras andaba de camino a su habitación.
- ¡Pero te comportas como si lo fueras!- respondió Stephanie ya harta de los chillidos de su hija y del poco interés de su marido – Y tú, castígala o algo. Así esta de mal criada.
- Mujer es una chiquilla, no sabe lo que hace.
- ¿Que no lo sabe? Por favor Zachary, es tu hija. Deberías saber de lo que es capaz esa niña. – le comentaba la señora Blatnik a su marido- La has malcriado tanto que ahora mira las consecuencias...
- Exageraciones tuyas. Es un poco rebelde por la edad y eso, nada más.
Mientras en la misma casa Lisa intentaba no empeorar las cosas. Tenía que encontrar una solución para que no la mandasen a Dermothville. No podría sobrevivir en una casa con una persona de la que solo sabe el nombre. Además se la comerían los mosquitos y eso era algo a lo que ella le tenía terror. Su nuevo destino es un pueblo alejado de la costa californiana en el que hace sol muy pocos días. Hay un río muy reconocido en todo el mundo el FreeRiver, pero aun así sería un aburrimiento estar sola en aquel sitio que ella odiaba a pesar de no conocerlo en profundidad. <Esto es solo una mala racha> pensaba Lisa. Pero aunque intentase engañarse sabía que era algo más que eso, era su peor pesadilla. Quizá exageraba un poco. Pero lo imaginaba así, sin tapujos.
Lisie intentó pensar en otra cosa. Buscó fotos antiguas en su ordenador y se pasó un rato retocándolas de manera que ella saliese mucho mas favorecida que los demás. Era algo que le producía satisfacción, en resumen, le gustaba destacar. Ser el centro de atención es algo que necesitaba cada día. Para ella era casi tan necesario como comer.
Conectó su Messenger y cambió su nick. “Lisa* Ojalá no me vaya de aquí...” Decidió poner eso para hacer mas dramática la situación y conseguir que su club de fans preguntasen porque.
-¡Ya esta la comida!-anuncio la señora Stephanie desde la cocina-No tardéis que se enfría.
Lisa suspiró y se encaminó directamente hacia la cocina. Hoy no paró, como de costumbre, en el baño. El señor Zachary también se dirigió a la cocina sin hacer su rutinaria parada a retocarse el bigote en el espejo del recibidor.
-¿Hamburguesas?-preguntó Lisa con una mueca de angustia- Así que además de enviarme a un pueblo en medio de la nada también quieres engordarme, muy bonito.
- Hija, ya no se que más hacer. No soy buena madre, ¡Lo reconozco!-murmuró entre lagrimas la Sra. Blatnik.
-¡A tu cuarto, lisa!-chilló el señor Hurley- Y que sepas que mañana mismo te llevo al pueblo. Ve ha hacer tus maletas.
-¡Esto es injusto!-exclamó lisa levantándose de la mesa-¡Os odio!
Pegó una patada a la silla y la puso en su sitio, luego se dirigió hacia su habitación llena de cólera. En sus ojos se veían dos llamaradas de fuego y de rencor. Abrió la puerta y la cerró de otra patada. Se tumbó en la cama y reflexionó. Estaba muy nerviosa como para dormirse. Metió unas cuantas mudas en su maleta y preparó su estuche de maquillaje y su neceser. Se sentó en la cama y arrugó las sabanas con toda la fuerza y el odio que sentía. Chilló, lloró, maldijo y al fin...se durmió.
Lo de las faltas lo estoy corrigiendo en el archivo del word para cuando la envie a la editorial. ¡Gracias por el comentario!
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